Siempre otra maravilla puede surgir. Entrevista a Waldo González Hervé
por Mario Cárdenas Guerra & Felipe Muñoz Rosales
¿Para qué o por qué aprendemos? Es esta una pregunta necesaria al interior de un texto que desde diversas líneas, desde múltiples miradas, busca ser una oportunidad de diálogo con nuestra historia académica y humana. En estos años de vida, fruto del esfuerzo, el rigor y cierta decisión con que se han afrontado los procesos propios del conocimiento y la expresión, la Escuela de Diseño de la Universidad Tecnológica Metropolitana se ha distinguido y distingue a sus alumnos con una formación marcada por la visión profunda y crítica, lo que en casi cuatro décadas de historia procrea una genética particular, un modo de mirar propio y enriquecido, un sentido de la profesión definido por el arraigo en ciertas concepciones del diseño, del lenguaje, incluso de lo que lo humano significa en realidades a veces tan precarias como la chilena. Muchas de estas concepciones tienen, si no un origen, al menos un catalizador, un almácigo, un referente intelectual, plástico, sensible, en la figura del diseñador, profesor, maestro, Waldo González Hervé.
Profesor Emérito de nuestra Universidad, su pulso sigue marcando la evolución de talleres y la dimensión desde la cual estos son enfocados por sus profesores. De este modo, la pregunta que abre estas palabras se responde melódicamente; aprendemos para que otros aprendan y tenga sentido el lenguaje, la comunicación y una de sus más altas expresiones: la amistad. Y así, desde la amistad, bajo el encapotado cielo de junio, como viejos viandantes que conversan en la mesa compartida de la memoria, reproducimos parte de la conversación sostenida con el profesor González, un día veinticinco de este año dos mil ocho.
